domingo, 11 de junio de 2017

el nobel de dylan

el planeta dylanita (como lo llamaría calamaro) siempre ha sido un gran misterio del que muchos se han querido apropiar sin llegar a buen puerto. esos falsos ulises no llegarán nunca a ítaca, ni a dublín, buenos aires o bogotá. más que un planeta es un universo que no está para ser analizado con la razón, sino con el corazón. y aunque lo parezca no es tan sencillo, no se trata de ser un sentimentaloide de opereta o telenovela, por ahí no va el asunto. primero hay que leer para pretender ingresar a ese mundo de lo percibido por el de minnesota. la literatura que es tan ajena al rock colombiano (al latinoamericano también pero no se puede generalizar), es la luz que guía ese camino de la poesía que se va marcando al leer, interpretar, conocer y pensar. recordemos que también es pintor. pero lo que mejor ha hecho es vivir la vida del rocanrol sin perder la cabeza, entender que es humano y eso se logra viviendo de a pie, cayendo de una motocicleta, teniendo familia, acercándose a la religión como cualquiera y sin tomarse en serio el asunto de los premios (de los que son tan afectos los del mundillo -que no planeta- del rocanrol). en su discurso deja claro el asunto.