domingo, 26 de marzo de 2017

la música y el territorio

comenzamos diciendo que la música no tiene nacionalidad, por lo tanto no hay territorio que la contenga. la historia del lugar puede ayudar a definir algo de su sentido, sin embargo el tiempo puede distorsionar esa génesis sin invalidarla. la música viaja con el viento y no existe frontera, humana claro está, que la detenga. es posible encontrar ecos ancestrales que aún reverberan  en el ADN de músicas indígenas.

cuando se pretende ejercer dominio sobre esas manifestaciones las sociedades sanas generan resistencia, pues entienden que están ante una enfermedad social. ese intento por uniformar se ve fácilmente desde los centros económicos fuertes que pretenden dictar las normas a seguir. el caso claro para latinoamérica está presente en miami. la música hecha por las últimas generaciones como bomba estéreo, choquibtown e incluso carlos vives o juanes son ejemplos claros. en aras de conseguir un público más amplio que genere más ingresos las estructuras se simplifican, lo que pudo ser un ensayo o una novela no pasa de ser un artículo para una revista tipo vice. sin embargo cacarean a los cuatro vientos la supuesta innovación, la idea de éxito. es aquí cuando menos es menos.

a pesar de ser colombianos no consideramos, necesariamente, que la música hecha por artistas en el pacífico colombiano sea nuestra; por otro lado tampoco podemos decir que la música hecha en tuareg sea ajena a nosotros. la música es el viento animado por la humanidad.

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