martes, 17 de marzo de 2015

ruralia urbana

definir de dónde venimos al lugar de nacimiento nos parece una pérdida de tiempo. las fronteras son ocurrencias de  la humanidad pero la música está mucho más allá de eso. hasta mediados del siglo XX la mayoría de la música en latino-américa se originó en los campos, hecha por negros o indígenas que se unieron sin mayor problema a los mestizos que jugaban a ser europeos (no todos, para fortuna del personal). de allí se prenden los teóricos de la identidad para intentar determinar causas que están lejos de su alcance. pero no todos encajamos allí.

el hecho de haber nacido en el trópico no nos impide restregarnos con un cuarteto de cuerdas o con una orquesta, sin embargo tampoco estamos obligados a tocar congas y maracas. es curioso cómo muchos grupos actuales están reclamando ese terreno que desde las ciudades no fue de mayor interés hasta la aparición de las computadoras en la producción de música. los neo rurales de ciudad difícilmente saben interpretar los instrumentos propios del trópico, pero eso no es problema si puedes tomar muestras de grabaciones hechas por campesinos y ponerlas a nombre personal.

por otra parte no reconocen el nombre de los grandes creadores a los cuales están copiando el estilo sin darles el debido crédito y jurándose, por ende, asombrosamente creativos. ésta es la tierra de lucho bermúdez, pacho galán, noel petro y el joe arroyo entre muchos. sin embargo el ya tradicional egoísmo colombiano cree que todo surgió en los últimos diez minutos frente a la pantalla de la computadora haciendo uno que otro bucle de pacotilla.

tal vez por que son más respetuosas con su legado otras sociedades están por delante de nosotros en el ámbito creativo, de hecho la mayoría de latino-américa, pero a nosotros se nos hace agua la boca escupiendo babas por todas partes diciendo que somos potencia musical... lo fuimos, cuando la música venía del entorno rural tan olvidado por el colombianito promedio de ciudad... ¿ciudad?

pueden hacer cuanto festival les pase por la cabeza para satisfacer su esnobismo de segunda, pero si se niegan a crear puntos de contacto con los creadores de antaño difícilmente la música hecha en la ruralia urbana colombiana va a sonar creíble.


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